Les dejamos otro cuento deportivo, para aquellos que encuentran arte detrás de una pelota.
SATÉLITE
Hoy pocos recuerdan la increíble historia de Edelmiro Foti, back central de Douglas Haig de Pergamino, quien fuera contratado por la NASA en el año 63. Los potentes rechazos del defensor llamaron la atención de los investigadores yanquis, quienes aseguraban confundir los balones eyectados de sus botines con meteoritos de velocidad inusitada en el espacio. Tanto es así, que a fines de Noviembre del 63, un grupo de especialistas vino a verlo personalmente en el encuentro contra Chacarita. Ya en el primer tiempo, dos de sus rechazos quebraron la velocidad del sonido y en la parte final, uno más entró en órbita. Cuando terminó el cotejo, terminó también su carrera en Douglas Haig, al aceptar el jugoso sueldo ofrecido por la NASA. Entre el 63 y el 68, su misión fue enviar al espacio pelotas-satélites, que fueron empleadas, entre otras cosas, con fines meteorológicos y transmisiones radiales y televisivas. Dicen cronistas de la época, que el mítico gol del Racing contra el Celtic no hubiese podido ser visto si su botín no entraba en acción. Años más tarde, el mismo Edelmiro agigantaría esta historia, asegurando que el gol lo había convertido él, dada la importancia de su faena para los hinchas académicos. Con el tiempo, su disparo se hizo más errático, su pie no fue el mismo y su vista tampoco. Fue dado de baja por la NASA el mismo día en que su pelotazo desde Cabo Cañaveral casi intercepta el avión en que viajaba el presidente Nixon. Entonces volvió al país, y se dedicó a mandar al cielo pelotas con propagandas en lugares abiertos.
En el museo de la NASA aún puede verse el mítico botín derecho de Edelmiro, usado en tantos rechazos con fines científicos. Aunque, por motivos higiénicos, pocos quieran acercarse a la reliquia para disfrutar de un pedazo más de la historia de la humanidad.
